23.6.14

Blanco y de cacao

Junio 20.

Hace unas semanas, escuché la voz delgada de un niño vendedor de pozol. Gritaba: "¡Pozol! ¡Blanco y de cacao!"
El pozol es una bebida típica del sureste de México, hecha de maíz cocido y molido (en molino, manual). También puede llevar cacao, tostado y molido, lo que la convierte en un color marrón claro, a diferencia de la que solo lleva maíz, que es blanca. Con o sin azucar, lo mejor del pozol, para mí, es la masa que se asienta al fondo del vaso o recipiente. A esa masa la llamamos "shiz", al menos aquí en casa.
El punto es que hoy le compramos pozol al niño. Supongo que tiene unos once u doce años de edad; vestía una playera azul, pantalones de mezclilla y unos tenis viejos estilo Vans. Su carita me pareció traviesa e inocente, su voz, al no gritar, fue cálida, y su sonrisa, genuina; todo él me pareció la clase de niño que me gustaría tener como personaje principal de una historia, así de grabado se quedó en mí.
Y es que, apenas salió mi madre de la casa y él detuvo su bicicleta, empezó a decirle que una bolsita de pozol se le había revuelto. "Traigo una combinada." dijo, le mostró la bolsa a mamá y sonrió. "Traía como cincuenta bolsitas". Mamá le dijo "Ah, ya casi acabas. Qué bueno." Muy amable, tan suelto y confiado, empezó a platicar con ella. Nos dijo desde dónde venía, que ya estaba cansado de subir y bajar colinas aunque viniese en la bici.
Calculé que recorrió unas quince cuadras desde que salió a vender, lo sé porque dijo venir desde la calle en la que está la escuela secundaria donde estudié. Solía caminar esas quince cuadras por las mañanas y las tardes, aunque estoy segura que no es lo mismo caminarlas derechito y rápido, que recorrer cada rincón de esas calles vendiendo pozol.
Mi mamá le dijo, cuando ya estaba a punto de irse: "Bueno, ya haces ejercicio." Él respondió: "Ay, si ya estoy delgadito, más me voy a poner... ¡Voy a desaparecer!"
Se fue, con una sonrisa en el rostro, moviendo los pedales de su bici y gritando "¡Pozol! ¡Blanco y de cacao!"
Por cierto, mamá le compró diez pesos de pozol de cacao, una bolsita. Después se arrepintió de no haberle comprado la bolsa combinada, así ya habría finalizado su jornada y nosotras, habríamos tenido más pozol que tomar.
Solo me gusta el pozol de cacao, con azúcar, y el niño risueño, adorable, suelto y gracioso que lo vende.

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